Empatizar con aquello que no entiendo

Creo que muchas líneas se han escrito ya sobre la empatía, qué es y cómo se consigue. Yo mismo facilito talleres donde practicamos la empatía. Hoy quiero hablar de un tipo o un nivel de empatía que me resulta curioso y además muy útil en las sesiones de coaching.

Tenemos cierta tendencia a saber, conocer y entender para empatizar. A veces lo enuncio como que la empatía es ponerse en los pies del otro para comprender y saber que existen unas razones para su comportamiento. Según esta definición nuestra empatía sólo llegará a aquello que puedo comprender y/o saber. Empatía no es estar de acuerdo, es simplemente comprender las razones que llevan a una persona a un comportamiento. Puedo no estar de acuerdo y empatizar, lo que se llama empatía desde la antipatía, desde el rechazo o el desagrado.

Para mí hay un nivel más profundo de empatía que consiste en que, a pesar de no saber qué razones o circunstancias llevan a una persona a un comportamiento, confiar en que las hay. Es decir, sentir que aunque no soy capaz de ver, conocer, alcanzar o entender las razones, las hay y no surgen de la maldad de la persona, sino al contrario, de su vulnerabilidad. Soy consciente de que estoy en un nivel de creencia personal que puede no ser compartido por los demás, lo asumo, lo acepto y lo respeto. A mí me sirve pensar que el ser humano no es malo por naturaleza, que su opción por defecto no es hacer el mal a los demás. Mi creencia habla más de que las personas funcionamos de la mejor manera que sabemos o podemos y que, cuando los comportamientos son reprochables, no son verdugos sino víctimas de sus propias circunstancias.

Comprender esto me permite empatizar no sólo desde la antipatía o el rechazo sino desde casi cualquier punto. Es algo que trasciende a mi nivel racional, no lo entiendo, no sé que es cierto, simplemente siento que es así y desde ahí me relaciono. Es cierto que no es un paso trivial y que requiere estar en un nivel de conciencia global diferente, que requiere un esfuerzo personal intenso. Lo bueno es que estar abierto a ello hace que haya predisposición y, por lo tanto, pueda surgir y pueda practicarlo.

Como coach, es una herramienta que considero fundamental a la hora de crear espacios sin juicios para los clientes, ya que en ese nivel de empatía lo que les ofreces surge desde el respeto a la persona ya que actúa desde su vulnerabilidad y no desde su maldad.

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